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martes, 14 de septiembre de 2010

Las ganas de llegar. Por Chamugiando


Invierno pero bancable. Frío pero con sol. Partiendo con un amigo desde su casa a la rambla del barrio a degustar una cerveza congelada a pesar del tiempo. Buen sol, da para tomar una y charlar un rato hasta que se ponga gélido. Se está bien ahí, en los banquitos de la cancha del Alas Rojas, el equipo del barrio de la aduana. Más tarde, se va el sol y quedamos solos nosotros, la canchita y la botella vacía. 

Se pone gélido. Es menester comprar algo siempre después de una cerveza, estando en la rambla y a pasitos de un kiosco, pero ninguno quiere levantarse del banquito de cemento. Nadie habla. No da para levantarse. En el medio de la rambla y con el viento en la cara, parece que estar quieto hace conservar un poco más del calor corporal, ése calor que no existe realmente estando a la intemperie. No se sentían las manos ni los pies. El viento en la cara ya dolía, lindo invierno. El sereno de la cancha del Alas Rojas sale de su garita a prender los focos y vuelve a meterse. De a poco los focos iluminan el pasto que ya costaba divisar. “Las siete de la tarde” dice mi amigo. Escucho voces un poco lejanas y pisadas en pedregullo, dos pelotas que pican y una que cae en el medio de la cancha por un pelotazo que viene desde atrás. Al rato, la congelada cancha está llena de niños. Falta una semana para que Uruguay debute en la Copa del Mundo de Sudáfrica, hay más ganas de fútbol que nunca. Me sorprende la cantidad de niños de todas las edades y todos los tamaños con unas ganas de jugar a la pelota, increíbles. Entre tantos pibes hay una nena, ¡qué bien le pega! En el medio de la cancha dando indicaciones como un DT de primera división estaba el entrenador, con una red llena de pelotas que va tirando a los pibes para que arranquen a calentar. 

Todos con campera de abrigo, guantes y gorro de lana. Entre los que más corren está la chiquilina. Le encanta el fútbol, se nota. El DT da indicaciones de quién juega para cada lado. Arma un partido y juegan todos. Todos la quieren, todos la piden y todos van a todas las pelotas. Pasa hora y media y siguen corriendo, algunos se quedan recuperando la respiración o caminando. Largan vapor de agua, corrieron pila. Algunos se van juntos y a otros los vienen a buscar los padres. En eso cruza un vecino que vive frente a la cancha, a pasitos. El veterano saluda de lejos y se pone a jugar con el más chico de todos, una pulga. Le tira duros pelotazos y el pibe la controla fantástico, sin miedo le pone el pecho. La acomoda y le pega increíble, fuertísimo. La pelota es más ancha que el botija, es muy chiquito, pero tiene una buena pegada. Ya no queda nadie, solo ellos dos en la cancha y la guinda. Más lejos, el sereno refugiado mira desde la garita. Esa pulga tenía energía. El veterano mientras le tira pelotazos, grita: “¡con las dos! ¡Tenés que pegarle con las dos piernas, como Forlán!”. El pibe hace caso y le pega con las dos, con la zurda no tan bien, pero se nota el esfuerzo. El veterano tiene más ganas que el mismo pibe de que le pegue bien con las dos piernas, lo quiere sacar bueno. Nos miramos con mi amigo y sonreímos, nos encantó esa postal de dos desconocidos, nos conmovió un poco pero no hablamos del tema. Seguimos mirando. En eso llega una señora caminando. 
 ­- ¡Don Carlos!
- ¿Cómo le va doña? Acá estamo´ , con el fenómeno, jeje.
- Bien, bien. Le digo, usté siempre viene a morirse de frío ¿eh?, le agradezco por quedarse un rato.
- Para mí es un gusto, doña, si a mí me encanta. Toy enfrente, no tengo problema.
- Bueno Brian, saludá a don Carlos que nos vamos.
- Ahhh, no mamá, ¡dejáme un ratito más!
- Dale que hace frío y nos tenemos que ir. Ya son las ocho y media y tengo que hacer la comida.

“El fenómeno” se fastidia pero saluda con un beso al vecino. La madre le agradece y se van caminando de la mano. Don Carlos ahora  camina lento a su casa mirando el piso y pateando piedritas, piensa en Brian, “el fenómeno”, ya lo ve en la selección vistiendo la celeste. Cruza la calle de adoquines y abre la puerta muy lento. Entra y cierra. Ahora sí, dejémos solo al sereno que ya nos mira mal. Vamos a comprar algo que nos cierra el Gaito.



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si te place.......place..........place.......rica palabra esa ¿eh?


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4 comentarios:

  1. Qué sano este post... te dan ganas de salir corriendo, agarrar a Bryan, llevartelo para tu casa y ponerlo encima de tu mesita de luz.
    Muchos padres tendrían que seguir el ejemplo de estos padres que llevan a sus nenes a patear la pelota y no dejarlos encasillados en sus casas, como la mayoría de hoy en día, jugando con el wii, playstation, y todos esos juegos succiona neuronas.
    El hecho de que tengan más materialmente, no significa que sean más felices, lo contrario...

    En fin...

    El dinero no compra la felicidad, para todo lo demás existe CHAMUGIANDO

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  2. conmovedor ! sos un hdp, casi lloro. saque la trola que hay en mi jaja
    abrazo
    el pete

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  3. Ja, gracias. Tiene menos movimiento el blog que el pato sosa esguinzado, pero gracias pipols

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  4. Q bueno! se vinieron imagenes parecidas de mi niñez viendo jugar a mi primo :)
    Muy de acuerdo con Florencia.. hay que empezar a sacar a los pequeños a jugar a la pelota, andar en bici o a treparse en los jueguitos del parque.. Se esta perdiendo por la tecnologia!
    Segui chamugiooo.. que estan muy buenos los post! Besos

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